Primera, pero no última, intervención de una caja
Se ha producido lo que el mercado ya esperaba, la intervención del Banco de España de la primera caja en apuros. Con nocturnidad y alevosía, para evitar la fuga de depósitos de la entidad, se anunció el rescate de Caja Castilla-La Mancha. Es sólo la primera, pero no tardaremos en ver a otras muchas entidades financieras, especialmente cajas, en serias dificultades.
Y es que, a pesar de los múltiples intentos de nuestros dirigentes políticos por asegurar la solidez de nuestro sistema financiero, la verdad se muestra tozuda. Los pecados de nuestro sistema financiero son similares a los que llevaron a la bancarrota a numerosas entidades allende nuestras fonteras, véase, excesiva exposición crediticia sobre activos sobrvalorados, especialmente inmobiliarios (¿algún parecido con las famosas subprimes?). La única bondad real de nuestro sistema financiero es que ha sabido construirse un colchón que le ha permitido capear el primer temporal, pero que no probablemente no le dará para aguantar el oleaje que aún queda por venir.
Y llegados a este punto, ¿qué decir sobre la efectividad de la medida? El Ejecutivo alega que se ha salido al rescate de una sociedad en apuros, pero solvente, que pasa por un momento de falta liquidez puntual. No es ésta ‘toda la verdad’. El agujero en CCM, cifrado por su firma auditora, es de 3.000 millones de euros, y no tiene en cuenta la pérdida de valor que muchos de sus activos han venido sufriendo estos últimos meses. No parece que esta caja, y no es un caso único, sea viable. En un futuro próximo veremos continuos movimientos de concentaración de entidades financieras. Esta es, probablemente, la única solución. Bancos, cajas y contribuyentes tendrán que salir, conjuntamente, al rescate de las entidades más expuestas por sus desmanes crediticios. Con este panorama, el aval de 9.000 millones dado a CCM se antoja algo precipitado. Tal vez hubiese sido mejor guardarse este as para apuestas más seguras.