Sobre los bonos de AIG

Es comprensible la indignación que despierta el pago de bonos millonarios a directivos de AIG. ¿Cómo es posible que se premie de esta manera a las personas que han llevado a una quiebra técnica a la mayor asegurdora del mundo? Con este panorama, no es de extrañar que Obama haya dado órdenes al secretario del Tesoro de intentar, por todos los medios legales, evitar el pago de estas primas.

¿Qué mensaje se da a los contrtibuyentes que han tenido que salir al rescate de la compañía? Los ciudadanos de a pie han tenido que rascarse sus maltrecho bolsillos para encontrar 165.000 millones de dólares que permitan la continuidad de la compañía. Tras semejante esfuerzo, no es fácil explicarles que hay que destinar unos cientos millones para pagar primas a los responsables de este desaguisado, directivos que de por sí ya están extraordinariamente pagados. Pero, ¿qué mensaje se lanzaría a la economía si no se pagasen?

En este país conocemos el resultado de la abusiva demora en los pagos de las distitas administraciones. El hecho de retrasar el cumplimento de sus obligaciones está asfixiando financieramente a multitud de empresas, que sí tienen que hacer frente a sus pagos en los plazos marcados. Imaginemos que la admistración no sólo pudiera hacer esto, sino que pudiera incumplir unilateralmente sus obligaciones contractuales. ¿Qué confianza puede tenerse si los compromisos sellados en un contrato ya no son sacrosantos? ¿Y si cundiera el ejemplo y las entidades privadas rompiesen sin más los contratos que les resultan incómodos? Y ya que estamos, ¿que nos impediría a los ciudadanos tomar la misma senda y dejar de pagar aquellos impuestos que no nos resultasen razoables?

Parece que la economía se enfangaría más de lo que ya está. Probablemente, y por duro que parezca, el mal menor será tragarse el sapo y pagar las cantidades pactadas. Por otro lado, son muchos los que piensan que la madeja de AIG está tan enrevesada, que sólo los que la líaron son capaces de desenmarañarla. Otro punto a favor del pago de los bonos.

En esta situación, sólo queda apelar a la ética de los directivos para que devuelvan estas cantidades que -¿sin duda?- no se mercen. Pero es posible también, por perverso que parezca, que estos directivos se sientan víctimas de la situación. Sus prácticas eran habituales en multitud de entidades financieras y no financieras. Más que eso, respondían a la demanda de los accionistas por mayores y más rápidos beneficios. Es seguro que todos debemos reflexionar sobre el culpable último de esta coyuntura: ¿han sido directivos irresponsables o nuestra propia codicia la que ha desembocado en esta crisis? ¿hubieramos aceptado mayor intervención de los gobiernos en la regulación de los mercados en tiempos de vino y rosas? Mucho me temo que no.

Una Respuesta a “Sobre los bonos de AIG”

¡Claro que estamos indignados! Muchos directivos son unos golfos y su avaricia nos ha llevado a esta crisis. No me vale el argumento de que tienen los bonos por contrato, estamos en una situación en la que la moral de cada persona debería estar por encima de eso. Ya se lo dijo Basile a Jesús Gil: “me cago en el contrato”. Que hagan lo mismo.

  • Por: justiciero
  • el: 03.20.2009
  • a las: 14:31

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